martes, 17 de febrero de 2015

Hillary cortejó a Warren en diciembre


"Hillary Rodham Clinton (D) mantuvo una reunión privada cara a cara con la Senadora Elizabeth Warren (D) en diciembre en la casa de Clinton en Washington," revelan Maggie Haberman y Jonathan Martin en The New York Times.

No hubo asesores presentes y Warren acudió por invitación de Hillary. La ex secretaria de Estado no le solicitó su apoyo a su campaña presidencial pero sí le solicitó "ideas y sugerencias," que suele ser una forma de hacer que el interlocutor se sienta halagado y con capacidad de influir en tu campaña.

Haberman y Martin señalan que el encuentro recuerda a "otra reunión privada entre la señora Clinton y otro demócrata advenedizo: en 2005, poco tiempo después de ser jurado para el Senado, Barack Obama hizo una visita a la oficina de Clinton en el Senado. Aunque en aquella ocasión, era Obama el que buscaba consejo."

Los académicos del cálculo electoral se resisten a Hillary

Todos los políticos y periodistas otorgan a Hillary Clinton la condición de favorita para hacerse con la Casa Blanca en 2016, pero fuera de los ambientes políticos, "desde Georgia hasta Nueva York y California, hay otro grupo de profesionales políticos, académicos y creadores de modelos de pronóstico electoral, que basándose en los datos que rastrean," no son tan optimistas sobre las posibilidades de Hillary, nos cuenta Alex Roarty en National Journal.

"Me sentiría más cómodo diciendo que es una carrera al 50-50 en este momento," declara Drew Linzer, un politólogo de Berkeley. "No creo que nadie fuese sensato pronosticando un 60-40 en cualquier dirección."

"Definitivamente, es inapropiado verla en este momento como la favorita inaccesible," dice Alan Abramowitz, politólogo de la Universidad de Emory y uno de los más famosos del país en esto del pronóstico electoral.

Abramowitz ha acertado el ganador del voto popular en todas las elecciones presidenciales desde 1988. En 2012, vaticinó un 50.5 por ciento de los votos para Obama, un 0.6 por ciento menos de lo que consiguió el Presidente (51.1 por ciento).

Es más, cuentan que Bill, ahora conocido como el marido de Hillary Clinton, consultó con Abramowitz en 1991, cuando todos creían que el Presidente George Bush era invencible, y fue éste quien le dio argumentos para creer que Bush era vulnerable.

El sistema que utiliza para hacer su predicción se apoya en tres factores: el índice de aprobación del Presidente titular, el índice de crecimiento económico en el segundo trimestre del año electoral, y el número de mandatos que el partido del Presidente titular lleva ocupando la Casa Blanca.

La tercera variable sería la mayor losa para Hillary.

"Considerad este escenario," nos dice Alex Roarty, tomando como referencia el modelo de Abramowitz. "El Presidente Obama retiene niveles similares de aprobación y desaprobación, mejores de los que ha tenido durante la mayor parte de su segundo mandato; y el Producto Interior Bruto crece en el segundo trimestre de 2016 al 2.4 por ciento, lo mismo que el índice de crecimiento del último año. Pues en ese supuesto, el modelo proyecta que Clinton se aseguraría solo el 48.7 por ciento del voto popular. En otras palabras, pierde."

Para que Hillary alcanzase la barrera del 50 por ciento en el cálculo de Abramowitz, "el Presidente necesitaría ver un crecimiento de 5 puntos en su índice de aprobación y el crecimiento del PIB tendría que alcanzar el 3.5 por ciento." 

Abramowitz nos explica el porqué: "Una de las regularidades que encuentras en todas las elecciones presidenciales desde la Segunda Guerra Mundial, es que después de que un partido haya estado ocho años en el poder y está tratanto de mantenerse en la Casa Blanca por un tercer mandato consecutivo, se vuelve más difícil. Otra manera de verlo: en las primeras elecciones después de que te hayas hecho con la Casa Blanca, tienes una ventaja significativa. Y a la siguiente, después de haber resistido otro mandato, pierdes esa ventaja."

Entonces, según estos modelos, ¿las campañas y la habilidad de los candidatos no importan?

"La noción de que la campaña no importa, no es tan simple," se defiende Michael Lewis-Beck, un politólogo de la Universidad de Iowa. "No importa tanto porque todos hacen campaña arduamente y se neutralizan mutuamente."

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